RUSIA, LA GRAN DESCONOCIDA

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RUSIA, LA GRAN DESCONOCIDA

Visitando San Petersburgo  y Moscú.

            Una bella canción del poeta Joaquín Sabina, dice “ … cuando en vuelo regular pisé el cielo de París, y en un si bemol de Jacques Brel, aterricé en mademoiselle Amsterdam..”

            Cuando, en vuelo regular de Aeroflot desde la no menos bella y cultural Málaga, pisé el cielo de San Petersburgo, me acordé de esta canción, y la relacioné con lo que esperaba ver.

            Lógicamente, me había informado en dongoogle y  doñawikipedia, además de  folletos, blogs… , sobre la “Venecia, o el Amsterdam del norte”; sobre el “ París del Báltico”, tan cercano a Dinamarca.

            San Petersburgo,  también antigua Petrogrado (1914, en la primera guerra mundial) y Leningrado (1924, cuando triunfó la revolución bolchevique, volviendo a su primigenio nombre en 1991), apenas tiene una historia de trescientos años, en la que ha cambiado tres veces de nombre; cuando, en 1702, el capricho del zar Pedro I el Grande ( también El Cruel), viajero empedernido por las ciudades de la élite europea de entonces, como París o Venecia, decidió no hacerse un castillo o una residencia veraniega en el campo (dacha, en ruso), sino toda una ciudad. Para qué andarse con rodeos.

            Buscó un terreno alejado de Moscú, pantanoso e improductivo por mas señas, y con lo aprendido en sus viajes y con la ayuda de grandes arquitectos e ingenieros europeos, construyó una ciudad surcada por 86 ríos, canales de 300 kms. de longitud y mas de  cien islas, con 342 puentes, en la parte del delta del río Neva y del Fontanka.

            Toda una Venecia del norte, porque se asoman a sus canales innumerables palacios, palacetes, casonas, iglesias ortodoxas  y cristianas… con un diseño totalmente europeo, muy parisino e italiano por mas señas.

            Era una ciudad para vivir y descansar del “duro” ajetreo de la innumerable corte de los zares; pero, también, para que otros trabajaran para ellos:  Desde su fundación ha sido el puerto mas importante de  Rusia, lo que ha permitido el desarrollo de una potente y variada industria; sin olvidar su importancia como centro cultural, artístico e intelectual.

            Una ciudad que tuvo que ser reconstruída, en buena parte, porque el bueno de Hitler la asedió durante 900 días en la segunda guerra mundial, sin llegar a conquistarla, pero con grandes sufrimientos para sus sufridos habitantes, sin apenas nada que llevarse a la boca en esos casi tres años de guerra; reconstrucción que se hizo siguiendo la estructura y estilos del orden clásico estalinista, los nuevos zares; entre otros, su Metro mas humilde que el moscovita, del que  impresiona ver la profundidad de sus interminables escaleras mecánicas, mas de cien metros por debajo de los ríos.

            Pasados estos episodios bélicos y políticos, pero sin olvidarlos, estamos ahora en una bellísima ciudad de unos cinco millones de habitantes – con todas las ciudades-dormitorio que la circundan–; una urbe perfecta para dar largas caminatas por sus inmensas avenidas ( la mas importante y conocida, la Nevsky), llenas de palacios extravagantes, teatros de categoría, fortalezas y catedrales de vivos colores, museos excepcionales, grandes almacenes, barrios de moda, buenos cafés y espacios para el arte actual.

            La avenida  Nevsky es la arteria principal de la ciudad, su Castellana o Gran Vía; con casi cinco kilómetros de larga, desde el llamado Almirantazgo hasta el monasterio amurallado de Alexander Nevsky, que le dio nombre; con tres cementerios en su interior. Allí están  enterrados personajes representativos de la ciudad: Dostoievsky, Tchaikovski, Rubinstein…

            Pasear por ella es una experiencia  esencial, sobre todo en épocas luminosas, por el contraste de sombras  y colores que dan vida a su cuidada arquitectura. Es difícil recomendar algunas de sus innumerables tiendas, cafés, iglesias…; pero hay que destacar, para ser justos, el agradable Café Singer, ubicado en el barroco edificio del mismo nombre, con una buena librería –eso sí, en cirílico, la imposible escritura rusa para los latinos, de la que luego hablaremos); o el Bolshoy Gostiny Dvor, uno de los primeros centros comerciales cubiertos del mundo desde 1757;  la torre de la Duma urbana y la Casa del Libro, entre otros muchos monumentos de interés.

            En esta avenida, frente a  la librería, se ubica la catedral de Nuestra Señora de Kazán,  en la que se celebraban los matrimonios reales; construída, por exigencia de Pedro I, con materiales rusos en exclusiva.

            Apenas a cien metros de la avenida Nevsky,  a la orilla del canal Griboédov, un pequeño paseo nos acerca a una pintoresca y  muy pintada Catedral de impactante nombre: San Salvador de la Sangre Derramada ( o de la Resurrección).

            Una joya de la arquitectura rusa del siglo XIX, construída en el lugar donde, en marzo de 1881, fue asesinado – en un atentado –el zar Alejandro II ( eso sí, al octavo atentado, que ya tenía suerte este zar). Pero, al octavo fue la vencida,  y murió el “zar liberador” de los campesinos de la esclavitud.

En su honor, aquí se levantó esta espectacular catedral; de cúpulas redondeadas y coloridas; con sus paredes  internas decoradas con mas de 300 mosaicos, de una gran diversidad de temas y matices cromáticos; y mas de 20 especies de mármoles de diversos países europeos.

           “Hagamos un alto en el camino, Irina. Tomemos un vodka”.

Irina (Irene) es bella, alta, blanca, rubia. Ojos azules, dulces y fríos. Dulce y fría, exigente, como todos los rusos. No entienden el jaleo que montamos los españoles, que estamos relajados, haciendo turismo. Ni ella, ni sus compatriotas. Y eso, según ella, se debe al clima y a la educación espartana que tiene este pueblo. “Vengan ustedes en nuestro invierno, y lo entenderán”.

El lector avezado ya habrá descubierto que Irina es nuestra muy profesional guía. Y no quiere saber nada de vodka en verano. Relacionamos a los rusos con este destilado de mas de 40º,  pero este es un pueblo que consume té y cerveza, sobre todo la marca estrella, “Báltika”.  Así que hacemos ese parón.

            Refrescados ya, pasando por el malecón del rio Neva, veremos el Jardín de Verano ( el primero en hacerse, el mas respetado por sus ciudadanos), llegaremos entramos a la mas suntuosa, grandiosa y enorme catedral de san Isaac, el mayor edificio religioso de la ciudad. Reedificada entre 1819-1858, cada una de sus columnas exteriores en granito rosa, pesa unas cien toneladas. Y tiene 112.  ¿Cómo levantaron esos pesos enormes, en aquella época?.

            Se convocó un concurso entre diversos arquitectos europeos, que ganó el canario Betencourt; que inventó unos andamios con poleas de madera especiales y originales para aquel momento, y consiguió poner en pie este enorme templo, junto con Montferrand, que lo construyó; consiguiendo una iglesia con una cúpula dorada de 102 metros de altura, ( visitable, si usted aguanta los 562 peldaños), rodeada por cuatro campanarios, desde la que se ve toda la ciudad y el impresionante paisaje del golfo de Finlandia.

            Apenas a unos 50 metros de esta iglesia, está el mítico hotel Astoria, uno de los mas lujosos de la ciudad. Cuenta la historia que el, entonces, topoderoso emperador fascista Adolf Hitler, eligió este hotel para festejar la toma de San Petersburgo. Pero no llegó a conseguirlo, Dios sea loado: El terrible invierno ruso lo derrotó, junto con las tropas soviéticas, por supuesto.

            Y, cuenta la historia, que todavía pueden verse en el hotel Astoria las invitaciones firmadas por Hitler, con el fastuoso menú que iba a degustar rodeado de sus mandos; mientras los sanpeterburgueses se morían, literalmente, de hambre. Pero no pudo ser. Ironías de la vida. Pobrecito.

                        Reconfortados con esta anécdota,  y quizás con otra  cerveza rusa, aunque las hay de toda Europa, cogemos el autobús y entre canales y palacios, llegamos a las afueras de la ciudad, atravesando uno de sus múltiples puentes.

            Estamos ahora en la Fortaleza de Pedro y Pablo; mandada construir, como no, por Pedro I para defenderse de los ataques de las tropas suecas que dominaban el mar Báltico. Ubicada en el centro del casco antiguo, sobre una isla pantanosa del río Neva, es un fortín de seis murallas hasta llegar a la entrada principal del recinto; en cuya gran explanada está la Catedral de los Santos Pedro y Pablo.

            Una torre de 122 metros, con un reloj holandés que cada seis horas toca el himno nacional; rematada con una aguja que sostiene una esfera con un ángel que, a su vez, sostiene una cruz. En su interior destaca el “iconostasio”, especie de pared profusamente decorada, que tapa el interior del altar mayor con iconos en los templos ortodoxos; las 32 tumbas de  la dinastía Romanov, entre las que destaca la de ¿quién?. Por supuesto, la de Pedro I, siempre adornada de flores frescas.

            Circulando por otro puente, nos venimos hacia  el centro histórico, camino del mejor museo del mundo, dicen expertos mundiales: El Hermitage.

            Su colección es impresionante: Momias egipcias, un inigualable fondo de arte de principios del siglo XX; gran colección 26 cuadros de Rembrandts, superior a la del Louvre parisiense; los aposentos deslumbrantes de la dinastía Romanov…

Es tan enorme el volumen de piezas acumuladas, que fue necesaria la construcción de otros edificios: el palacio de invierno de Pedro I, el del Estado Mayor, el palacio Menshikov…

            En la actualidad cuenta con 2.700.000 obras, que se exponen en 420 salas, con un recorrido de mas de 24 kms, por las culturas primitivas, el arte del Oriente, Antigüedades clásicas; Europa occidental: Martini, Fra Angélico, Leonardo, Caravaggio, Velázquez, Goya, Van Dik, Cezanne…

            Ningún lugar encarna, tan bien, la opulencia y la extravagancia de la Rusia de los zares. Se dice que se necesitan varias semanas para recorrerlo, sin perder el tiempo demasiado.

            Deberían estar tan agotados y extasiados ante tanta belleza que, para descansar, se hicieron un palacete de verano, a 24 kms. de San Petersburgo: Petrodvorest, con jardines colgantes con hermosas fuentes, y un gran canal, que desemboca en el golfo de Finlandia.

        Es un palacio realmente majestuoso,  muy bien reconstruído después de la terrible segunda guerra mundial, para solaz de los que lo visitamos, aunque no sé yo si pensaría así el sufrido pueblo ruso.

            Agobiados por ese desenfreno del lujo y la ostentación, volvemos a la ciudad para asistir a un espectáculo en cualquiera de la veintena de teatros de que está dotada, como el Mariinsky, donde bailaron estrellas soviéticas como Rudolf Nureyev; y a comer en cualquiera de sus muchos restaurantes,(Pectopah, en ruso) algunos de estética algo recargada en sus paredes y cortinajes; o en los mas baratos y de moda cafés y bistrós, establecimientos de comida rápida rusa; si eres capaz de saber lo que te ofrecen, porque casi nunca sus cartas están en inglés y no aceptan tarjetas. Otra opción es comer en la amplia representación de japoneses.

            Los platos de comida rusa tienen bastantes calorías y son energéticos (acuérdense ustedes de sus inviernos). Un menú ruso suele estar compuesto de entremeses (zakuski) o una sopa caliente (sup), con o sin nata agria (semtana), o unas especie de raviolis ( pelmeni o varéniki),  o la “ensalada Olivié”, nuestra famosa ensaladilla rusa;  un segundo plato de pollo con guarnición,   o de ternera (stroganoff); o diversas empanadas (pirozhki y pirogi);  o los “blinis”, muy populares, y que son una alternativa a las hamburguesas, que se toman en las “blinnaya” (creperías); con pan negro (cherny jleb) y muchas patatas cocidas, todo acompañado de té y cerveza.

            El vodka, en Ruysia, nunca se mezcla con otras bebidas, no se le pone hielo, aunque sí frío; no se bebe ni antes ni después de comer, sólo acompañando a los “zakuski-entremeses),  y se pronuncian muchos brindis (tost), una y otra vez –sobre todo, en invierno): ¡¡ Na zdoróvie, Salud!!.

            Con muchos brindis, con mucha pena, dejamos atrás San Petersburgo y, en su tren de alta velocidad, el Sapsan, que en cuatro horas nos deposita en Moscú (Mockba).

            Mas de  850 años, desde 1147, la contemplan; y su nombre proviene del río Moscova que, con sus afluentes, eran vías muy importantes de comunicación, de negocio hacia Oriente y Occidente: pieles, curtidos, tejidos, cereales, cera y miel, joyas,  alfarería, armas y otras mercancías.

            Ya en el siglo XV Moscú fue el centro de la cultura rusa nacional: Pushkin, Gógol, León Tolstoi, Chéjov, Gorki, Tchaikovski, Rajmaninov…; y, a mediados del XVI aparece la imprenta. Pero, también, de guerras sucesivas: Contra los tártaros-mongoles, polacos, franceses, nazis…

            Pero estamos en tiempos de paz. Vamos, pues, a visitarla

            Podemos empezar por la mas famosa de sus plazas: la Plaza Roja; llamada así por el color de los ladrillos de los edificios que la rodean: el Museo de Historia, las murallas del Kremlin y la catedral de san Basilio, con sus famosísimas cúpulas multicolores en forma de bulbo, construídas por orden del zar Iván el Terrible.

            En ella se sitúa el  Mausoleo de Lenin y, sobre sus adoquines, desfila el ejército rojo en las numerosas conmemoraciones que tienen lugar allí, a lo largo del año. Las colas son, siempre, enormes por lo que es  muy difícil poder visitarlo, sobre todo si eres un turista con poco tiempo.

            En el territorio del Kremlin, el museo de la Reservación Histórico-Cultural, está compuesto por seis fabulosos museos: la Cámara de la Armería, el Campanario de Iván el Grande y cuatro museos mas en otras tantas Iglesias. La Armería alberga numerosas colecciones de arte; compuestos por grabados, vajillas de oro y plata, vestimenta real, armas, armaduras…, además del Fondo de Diamantes, con el famoso “ Almazniy Fond”, el verdadero erario de Rusia, como la “Estrella de Yacuzia” de 232 quilates, el Orlov de 189  o la corona de Catalina II, recubierta por 4.936 diamantes y otras piedras preciosas.

            Dentro del enorme Kremlin está la Plaza de las Catedrales, destacando entre las muchas que hay las de la Anunciación – destinada a las ceremonias familiares de los grandes zares y príncipes rusos — y la de la Dormición – templo principal del Estado ruso, sepulcro de los metropolitanos y patriarcas moscovitas–.

            En plena Plaza Roja, está la catedral de San Basilio.  Dicen, y yo lo creo, que es la tarjeta de presentación, la postal de la ciudad. Sus cúpulas multicolores en forma de bulbo, han sido reproducidas infinidad de veces hasta el punto que muchos la confunden con el Kremlin.

            Se construyó entre 1555-1651, tras la toma de Kazán por los rusos, poniendo fin a 300 años de dominación tártara; y está dedicada a Basilio el Bienaventurado, un hombre de Moscú que dedicó su vida a los pobres, estando enterrado en una de las capillas de la catedral. La leyenda dice que al zar Iván el Terrible le gustó tanto, que mandó cegar al arquitecto para que nunca pudiera realizar otra igual.

            En  la Plaza Roja, todo es abundancia y opulencia: Mide 695 m de largo por 130 m de ancho, con una extensión de 74.831 metros cuadrados de superficie. En su lado este, los almacenes GUM, con tres pasajes de tres pisos cada  uno, repletos de tiendas de todo tipo, con bóvedas de cristal y estructura de  hierro.  El centro de la vida de Moscú está en esta plaza, proyectada tan grande para impedir que los habituales incendios de la época llegaran al Kremlin. Todos los transportes públicos pasan por ella, incluídos el famoso Metro de Moscú de visita obligada con un plano y paciencia suma,  para saber que líneas y qué estaciones debemos tomar, todas escritas en cirílico, todas distintas de cualquier otro metro conocido, todas bellísimas.

            Inaugurado en 1935 por el poder soviético, como símbolo del avance tecnológico e industrial del sistema político, el “Palacio del Pueblo”. En su decoración participaron los mas importantes artistas de la época, utilizándose materiales de todos los rincones del país: mármol, granito, ónice, mayólica, vidrieras, murales, mosaicos y grupos escultóricos; queriendo simbolizar la unidad de los pueblos soviéticos. Tiene unos 200 kms. de líneas y 145 estaciones

            Muy cerca se encuentran el célebre Teatro Bolshoi, la catedral de San Salvador, el imponente edificio de la Lubianka – sede del antiguo KGB – y las pequeñas iglesias del barrio viejo “Kitai Gorod”.

            Siendo como es una ciudad de mas de quince millones de habitantes, su extensión es enorme, por  lo que tendremos que volver a utilizar los transportes públicos para recorrer las avenidas que bordean el río Moskova, con vistas del Parlamento, la Duma o “Casa Blanca”, el estadio olímpico; la “colina de los gorriones”, llamada así porque está a la máxima altura a la que pueden llegar los gorriones; coronada por el célebre rascacielos de inspiración estalinista, en el que está ubicada la Universidad Lomonosov…, haciendo un alto en el camino para recorrer el enorme Parque de la Victoria, construída tras la II Guerra Mundial.

            Siguiendo nuestro agotador e interesante recorrido, llegamos al exterior del convento de Novodiévichi (Nuevas Doncellas), con su lago que inspiró a Tchaikosvsky en el Lago de los Cisnes; declarado Patrimonio de la Humanidad.

            Repuestos con tanta belleza, y recordando esta preciosa composición musical, nos encaminamos hacia la catedral de Cristo Salvador, la catedral Ortodoxa mas alta del mundo; preciosa reconstrucción de la antigua destruída por Stalin en 1931, porque tenía que construir su Palacio de los Soviets.

            ¿ Qué tal  una cerveza rusa mas? O un té, o un café, o…; que hay que ser demócrata, ahora que Rusia  lo parece, y dejar que cada uno tome, o no, lo que quiera. El caso es que hay que descansar un buen rato y, quizás, reponer fuerzas comiendo en cualquiera de sus buenos restaurantes.

Luego, y vamos terminando el día, visitaremos la Galería Tretiakov, pinacoteca llamada así por su negociante fundador, gran mecenas ruso del XIX; con una gran colección que permite comprender y admirar la historia del arte Ruso, sacro  y laico, a través de mas de 130 mil obras y una magnífica colección de iconos.

            A algunos turistas, con mas tiempo y dinero,  –y tengo que decir que el cambio de euro a rublo nos beneficia mucho ( Un € son unos 75 rublos)–, no pueden conformarse con este breve y  jugoso recorrido por Moscú; aunque sea lo mas espectacular, lo mas retratado, lo mas recomendado por las agencias de viaje.

            Si pueden quedarse mas tiempo, aquí van otras propuestas:   Cuarenta y seis, ¡ 46! Museos de todo tipo y temática; Veintiocho catedrales e iglesias; 90 lugares,  plazas, palacios, monumentos, torres…; dieciséis teatros, circos, jardines…

            Todo un mundo para la cultura, para la diversión, para comprender mejor, y amar, a esta Rusia cada día mas abierta, mas conocida.

                        Guadalupe Hidalgo y Juan Pedro Plaza.

2017-03-28T09:36:58+00:00 16-marzo-2017|General, Viajes|

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