POR LOS FIORDOS NORUEGOS, HACIA EL PREIKESTOLEN (El Púlpito)

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POR LOS FIORDOS NORUEGOS, HACIA EL PREIKESTOLEN (El Púlpito)

                                                                               PAISAJES DE ENSUEÑO.

                       Los había visto, una y otra vez, en los reportajes de la 2, en folletos turísticos, cuando iba a buscar una viaje a mi agencia. Empecé a disfrutar esas imágenes con treinta y tantos y, cuando ví otro espectacular reportaje en “Canal Viajar”, ya con sesenta y… decidí que hasta aquí habíamos llegado.  Y salí, salimos a buscarlos un grupo de amigos, igual de entusiastas.

                       Hay mas de mil fiordos en Noruega; pero había que escoger y nos decidimos por la costa oeste: Naerofjord, Sognefjord, Lysefjord, Geirangerfjord…, parece tranquilos lagos azules, pero son de agua salada; porque  son largos brazos del mar, que se adentran tierra adentro entre majestuosos acantilados a ambos lados de ellos; ofreciéndonos, en tanto, bellas cascadas que caen por sus laderas, y ríos que cruzan sus bosques caducifolios hasta   los  lagos glaciares, fruto del deshielo.

                     Sus habitantes dicen que los fiordos, y las zonas de alrededor, evocan imágenes de una Noruega de antaño; de una época en que casi solo se vivía de la agricultura, en esos entornos tan increíblemente empinados y rocosos.  Aunque puedan parecer indómitos y salvajes, hay pequeños pueblos esparcidos, y senderos que te llevan a montañas y  glaciares abundantes.

                      Gracias a la cálida corriente del Golfo, los fiordos noruegos tienen un clima suave, que evita que se congelen; desarrollándose una intensa vida marina, aprovechada por pescadores para capturar salmones, ballenas, cangrejos reales…; mientras que, la grandes compañías de cruceros, con sus enormes barcos, penetran hasta lugares recónditos, debido a su gran profundidad, lo que permite apreciar su belleza muy cercana.

                       Son una obra de arte  de la Madre Naturaleza, por  lo que la UNESCO los incluyó — en 2005–, en su prestigioso listado de PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD; ocupando un ranking ganador, mas que las islas Galápagos, las pirámides de Egipto, el Gran Cañón del Colorado, Machu Pichu…

                       Una vez aterrizados,y tomado el enorme barco que sería nuestro hogar durante unos diez días, empezamos el recorrido por Trondheim, la tercera ciudad noruega mas poblada, fundada a principios del siglo X. Visitamos la gótica catedral de Nidaros, el Museo de Artes Decorativas, el Museo Popular de Trondelag (repartido entre 60 edificios), el Jardín Botánico y el museo del Tranvía… , porque la lista de sus monumentos y lugares de visita es  muy amplia, y el tiempo corto,  descansamos un ratito con una cerveza en la mano acompañado de arenques y salmón salvaje ahumado, enfilamos hacia el barco…, que después de horas de tranquila y divertida navegación nocturna, atracará en el puerto de Alesund, la ciudad del “Art Noveau”; lo que indica que vamos a disfrutar con este bello arte, repartido por toda la ciudad, con sus torrecillas, agujas y profusa ornamentación decorativa, de la que están tan orgullosos. Y con razón.

                  Pero también pueden presumir de su Festival de la Comida Noruega, del Acuario, una de sus principales atracciones…, como lo es la amabilidad de sus gentes, que hacen de improvisados y orgullosos guías, de esta pequeña  ciudad de unos 50 mil habitantes; que te recomiendan venir a practicar el esquí alpino o el de fondo, y la pesca…, y que disfrutes desde aquí, del   Geirangerfjord, (Patrimonio de la Humanidad), con las pupilas y los objetivos de las cámaras a punto de estallar, sorprendidos ante este azul y profundo fiordo, rodeado de escarpadas  montañas pintadas de una amplia panoplia de verdes y flores multicolores; y de las que se desprenden impresionantes cascadas con nombres propios: Las “siete hermanas”, el “pretendiente”, el “velo nupcial”…, iluminándonos con cambiantes arcos iris esperando que, de  un momento a otro, viéramos volar a las hadas, que es lo que falta en este distinto escenario, para ser perfecto.

Pie a tierra, cogemos la serpenteante carretera Trollstigen, la carretera de los mágicos Trolls, con un recorrido a veces angustioso, pero fascinante, entre cascadas, acantilados para ver el precioso fiordo Geiranger desde lo mas alto, en todo su esplendor.

                       Como no voy a contar nada de la vida en el barco, porque hecho un crucero sabemos la monotonía que nos espera en él, sigo hasta la segunda mayor ciudad de Noruega, Bergen. Fundada hace 900 años, sus orígenes están vinculados a la Edad Vikinga, siendo una de las principales sedes de la Liga Hanseática.

                 Dicen que es uno de  los lugares mundiales que mas llueve pero, sabedora de nuestra procedencia extremeña,  nos recibió con un sol radiante, todo lo radiante que puede ser el sol noruego; lo que nos permitió callejear por sus bellas y cuidadas calles, parques, jardines, mercado…, sobre todo entre las coloridas viviendas conservadas como recuerdo a lo que fue esta moderna y rica ciudad, llenas de tiendas, restaurantes y bares para  los guiris; calles llenas de estudiantes por su Universidad, que disfrutan de una amplia oferta cultural como museos, galerías de arte, eventos culturales y diversas opciones gastronómicas, y las oportunidades deportivas que ofrecen el mar y las montañas cercanas.

                    En el muelle de su puerto,  el recuerdo mas claro de la época de la Liga, existe  un  pequeño mercado de restaurantes, que ofrecen lo mejor de sus mares, para degustarlos in situ: ballena, salmones salvajes, cangrejo real, gambas, arenques sobre todo…, regados con la excelente cerveza noruega, o vinos de procedencia mas lejana, allende sus fronteras.

                    Al barco otra vez, para estar toda la noche navegando entre las aguas de fiordos y el  Oceáno Atlántico, mal descansado porque estoy llegando a uno de mis hitos mas ansiados, con el que tantas veces he soñado y por el que –además de lo visto,  no voy a ser grosero– ha merecido la pena llegar hasta aquí: ¡¡ el Preikestolen !!  ( El Púlpito).  Rápidamente visito la ciudad de Stavanger, la capital petrolera de Noruega, desde mediados de los  70; que fue Capital Europea de la Cultura en 2008; porque hay que salir en un ferry desde el puerto, luego en un autobús, hasta Prehikestolhytta ( cabañas de madera para alojarse, comer, comprar recuerdos, baños…),que es el inicio de la pedregosa y empinada senda que me  llevará, después de cinco kilómetros de subidas y bajadas –por un hechizante paisaje nórdico de montañas–, hasta el cúbico e impresionante mirador rocoso objeto de mis sueños: El Púlpito!!,  situado en el fiordo Lyse (el Fiordo de la Luz), de aguas turquesas.  Hay que calcular  unas ocho horas entre ida y vuelta a Stavanger;  y anochece muy pronto; así que, a madrugar tocan.

                       Hay que ir bien entrenado, pertrechado y equipado para esta duro trance de cuatro horas, entre subida y bajada, aunque dependerá de la forma física — “porque hay gente pa tó–,  de las condiciones climatológicas,  y  con la mente concienciada para no abandonar antes de tiempo, sobre todo cuando llegan los tramos mas escarpados…; porque el premio –como tantas veces en la vida– está en lo mas alto, en esa terraza rocosa de 25 x 25 metros; desde la cual, 604 metros mas abajo, admiramos el fiordo Lyse y el excepcional paisaje noruego…, si tienes suerte y el día está despejado. En este caso, espera, por si acaso. ¡Y recuerda que  no hay vallas que nos protejan del abismo!

                                                                                                   Porque el hechizo del vacío no puede resistirse, asomarse al vértigo es indispensable.

                            Ir al Preikestolen se prepara con antelación: Si estás en forma,  mas o menos, tienes que tener en cuenta que son subidas y bajadas continuas, sobre piedras y un duro terreno, con cuestas muy empinadas, por  lo que hay que pararse a descansar varias veces, aprovechando para ver el bello paisaje que nos rodea.  Hay que tener en cuenta, además, que el tiempo es muy cambiante: sol, lluvia abundante, viento…, por  lo que debemos llevar en la mochila ropa de montana: pantalones y botas de trecking impermeables, anorak con gorro para la humedad…,para cada uno de esos momentos; mas algo de comida, alguna barrita dulce y agua, sin abonar el campo con tu basura.

 

        Después de plasmar con decenas de fotos tu hazaña, –cuidado con llevar cámaras réflex, porque te arrepentirás, pero la decisión es tuya–,  porque hay que darle la vara a los amigos y familia que están para eso, otro autobús, otro ferry y volvemos a Stavanger; porque a pesar, o por eso, del petróleo, está dotado de bastantes museos y es una ciudad moderna y bien cuidada. Imprescindible visitar las llamadas Siete Calles, una abundante colección de antiguas y bellas casas de madera.

 

 

                      Y al barco, que hay que zarpar hacia Malmö, en la vecina Suecia; y la distancia es muy importante. Así que a descansar de  la paliza que nos hemos dado, cenar y algún que otro gintonic para brindar… porque se ha conseguido conquistar un sueño. Ahora, a por otro…, en la cama del camarote.

                       Escribió el poeta extremeño Espronceda unos versos que decían: “ A un lado, Europa, al otro Estambul…”.  Si hubiera viajado por aquí, podría haber escrito ” A un lado, Suecia; al otro, Dinamarca…”, porque la distancia por barco se acortó al construirse, el año 2.000, el puente Oresund, para  automóviles y trenes; que, en cuarenta minutos, te lleva de un país a otro; y nosotros seguimos hacia la bella capital danesa: Copenhague. 

              No hay mucho tiempo, así que vamos directos al pequeño muelle de Nyhavn, para coger un barquito que nos pasea por uno de sus canales, adornados a derecha e izquierda con fachadas de colores y sus cafés y bares a orillas del canal, una de las imágenes turísticas mas conocidas de la ciudad.

           Luego, ya andando, visitar el palacio Amalienborg (donde vive la familia real de Dinamarca) y el indispensable saludo a la Sirenita,  entre multitud de turistas que hacen muy difícil fotografiarla en solitario; por lo que, cumplido el rito, seguimos hasta el Ayuntamiento, la calle peatonal y comercial Stroget, el Teatro Real, el  Parlamento, los Jardines del Tívoli —parque de atracciones, mas teatros, restaurantes y auditorio– con mas de 160 años de vida, que se ha convertido en una de las principales atracciones turísticas de Copenhague…, si consigues entrar cuando tienes poco tiempo…;  porque hay que volver hasta el aeropuerto de Malmö, desde donde saldremos hacia Madrid.

                          Fin de trayecto y de un viaje maravilloso, que les invito a realizar.

 

 

 

 

 

 

 

2017-09-21T08:36:08+00:00 21-septiembre-2017|Gastronomía, Rincones, Viajes|

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