MENORCA

MENORCA

Menorca sorprende desde el aire. Y desde el suelo.

Desde el avión, Menorca se ve como una alfombra verde. Desde el coche, también.

Es una isla verde, por todos sus puntos cardinales, la mires por donde la mires. Al menos, en el mes de abril cuando estuve por allí. Y me dicen sus habitantes, que lo es todo el año. Y no tengo por qué dudarlo.  En  el pequeño aeropuerto de Mahón/Maó, alquilamos un coche, y  nos disponemos a viajar por esta isla de las Pitiusas. (Aviso: las señalizaciones en esta isla, al menos, están todas en mallorquín, nada de doble idioma. Y luego nos quejamos de vascos y catalanes. Nos acostumbraremos, qué le vamos a hacer).

Disquisiciones linguísticas aparte, sus carreteras bien asfaltadas nos llevan a ciudades, pueblos, granjas, calas recoletas, paisajes sorprendentes…, muy  bellos y cuidados todos. Al menos, en abril. Porque me dicen que el verano es… verano; y la multitud de turistas no te dejan admirar con tranquilidad todo lo que ofrece esta bella isla, auténtico remanso de paz en épocas de baja ocupación.

Su capital  es Mahón/Maó, sobre el acantilado del puerto, protegida de los antiguos piratas y conquistadores que llegaban desde todos los ángulos del mar Mediterráneo por una cerrada muralla, con defensas militares como la de La Mola-Fortaleza de Isabel II; el Bastió Nou, que se construyó tras el saqueo de Barbarroja del año 1535; el Bastió Buit, otra vez contra la artillería de Barbarroja, ahora Teatro Principal…, en la que se abrieron  cinco portales, hasta el siglo XVII, momento en el cual empezó a crecer extramuros.

Mahón cuenta con uno de los puertos naturales  mas grandes del mundo, — uno de los puntos mas espectaculares y mágicos de la isla–, y  es un bello conjunto arquitectónico, con influencias diversas, como la británica: Casa Consistorial, el Principal de Guardia, el Palacio del Gobernador, el obelisco de Kane, el Museo de Menorca, el antiguo Mercado de la plaza de Colón, etc, etc; donde  la atmósfera inglesa aún permanece con fuerza en todo el entorno de la zona de levante de la isla. Y parece ser que, además, nos dejaron una de sus bebidas favoritas, la ginebra. Pero hay mas, mucho mas: el caserón de la familia Oliver, el puerto que marcó su historia; la colección cartográfica  del Centro de Arte e Historia Hernández Sanz-Hernández Mora; la parroquia de San Francisco de Asís, sobre los acantilados de la orilla meridional del puerto, con un bello claustro y  el gran Museo de la ciudad.

Su centro histórico es, además, un centro comercial con tiendas de todo tipo, muy cómodo de pasear al ser peatonal en gran parte. Para comer, existen multitud de cafeterías, restaurantes…, y una amplia oferta en el antiguo Mercado del Pescado, al que es  preciso ir muy pronto, porque se  llena enseguida. La zona del puerto de Levante, también acoge una interesante oferta gastronómica.

La otra gran ciudad de  la isla es Ciutadella, al noroeste.  Unidas por una buena y bella carretera, cuando llegamos nos sorprende por su limpieza, orden, belleza  y cuidado de sus calles, plazas y puerto natural. Calles típicas enredadas en un dédalo retorcido por su casco histórico, con sonoros nombres y grandes casonas y edificios que demuestran su poderío comercial y administrativo.  Monumentos como su Catedral, el Ayuntamiento, con las plazas  de la Explanada y del Born, con un Obelisco que conmemora el asalto turco allá por el año 1558; el Museo del pintor Torrent, el Obispado, su coqueto Mercado de Abastos, o el castillo de san Nicolás…, son sus tarjetas de visita;  sin olvidar las renombradas fiestas de san Juan, con esos caballos poderosos recorriendo su entorno histórico.

 

Reconfortados con una  “pomada” ( zumo de limón natural con ginebra Xoriguer),  seguimos ruta hacia las cercanas playas de Cala Blanca, Santandria; al faro d`Artrutx; y a las estupendas Cala Turqueta ( merece la pena el paseo de unos diez minutos hasta llegar a esta maravilla); o las calas Macarella y Macarelleta; admirando sus cristalinas y coloreadas aguas con toda una paleta de azules y verdes que nos reconfortan y reconcilian con el mundo.

No todo Menorca es  mar. La isla atesora una gran riqueza  Prehistórica/ Talaiótica, repartidas  por su accidentada orografía, imprescindibles de ver: Naveta des Tudoms, Torre d`en Galmés,  Talatí de Dalt, Trepucó, Necrópolis de Cala Morell…

 

Otros lugares de obligada visita  son el faro de Favaritx, o la Cova d`en Xoroi,  para ver al astro Sol perderse entre las aguas del mar Mediterráneo, hasta el día siguiente; un auténtico espectáculo de la Madre Naturaleza; al que hay que llegar con mucha antelación, si quieres encontrar aparcamiento y un sitio para captar bellísimas imágenes irrepetibles.

Como será irrepetible la caldereta de langosta que tomamos en Fornells, al norte de la isla. Y digo irrepetible, porque no estoy dispuesto a pagar el desorbitado precio que tiene ( 70 € por persona). Rica, pero cara.  Después de recorrer este coqueto pueblo, de subir hasta la torre de defensa y visitar el altar de la Virgen de Lourdes, seguimos hacia las calas de  Cavallería, Tirant y Regonda.

Antes de dejar Menorca, con mucha pena, subiremos al Monte Toro , la cima de la isla con ¡ 358 metros de altura!, para despedirnos de esta isla verde, observando sus cuatro puntos cardinales, tan bellos todos.

2017-05-05T07:29:28+00:00 2-mayo-2017|General, Viajes|

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